
Y no, negar la pereza no te va a perjudicar ni va a hacer que caigas en el hastío.
Al revés, te ayudará a entender de verdad por qué no estás entrenando y a ponerle remedio. Así que voy a contarte exactamente a qué me refiero cuando digo que no existe.
Para darte algo de contexto, en la primera entrada de este blog te hablaba sobre cómo diferenciar la pereza del cansancio y ya te hablé un poco de esto, pero ahora vamos a meternos en el tema de verdad.
¿Qué es la pereza?
La pereza se define según la RAE como:
- Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligades*.
- Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.
Hasta ahí bueno, no tengo nada que decir en contra de los señoros de la RAE con respecto a la pereza.
Si nos fijamos en las definiciones al final hacen referencia a cómo llevamos a cabo ciertas conductas. Es, entonces, una forma de cómo hacemos las cosas.
Pero no nos vamos a dejar guiar únicamente por la RAE, claro.
Vamos a utilizar el concepto en tanto a cómo YO lo veo usar, porque aquí vamos a full con la construcción de la realidad a través de las experiencias subjetivas.
Generalmente lo que me encuentro (en RRSS, en mi clientela, en mis amistades, etc.) es que usamos la pereza como una razón de por qué no hacemos ciertas cosas.
“Me pudo la pereza”.
“Es que tenía mucha pereza”.
“La pereza es demasiado grande”.
Y aquí es donde vienen los problemas.
*Evidentemente que la RAE no usa género neutro.
Las etiquetitas
Como digo, la pereza como etiqueta resumen de ciertas conductas no tiene ningún problema.
El problema viene de cuando cogemos esa etiqueta que resume lo que hacemos y la convertimos en la causa de lo que hacemos.
Es decir, ya no “hacemos las cosas con descuido” y a eso lo llamamos pereza. Ahora decimos que “hacemos las cosas con descuido” porque TENEMOS pereza.
La pereza pasa a ser la razón de que hagamos las cosas y no un resultado de lo que hacemos.
Y esto es un problema, porque entonces dejamos de buscar las verdaderas razones de por qué hacemos lo que hacemos y nos dejamos llevar por la etiqueta. Como si tuviéramos algo dentro de nuestro cuerpo llamado “pereza” que nos marque lo que hacemos.
Es como si cojo y digo que tengo una cosa dentro de mí que se llama “llorería cachorril” que hace que llore cuando veo perros cachorritos. Pues no, lloro cuando veo cachorritos porque son monísimos y porque quiero cogerlos y dejar que me laman la cara y olerles la boca*.

*¿Lo del olor de la boca de los cachorros es solo una cosa mía? Creo que hay gente a la que le pasa igual con la cabeza de les bebés.
Si no es pereza entonces ¿qué?
Ya te conté en la entrada que te enlacé al inicio que las razones no tenían por qué ser la pereza. Después de leer esto último espero que entiendas que definitivamente NO es la pereza la causa de que no te apetezca entrenar.
La conducta de entrenar, como cualquier otra conducta, está mediada por nuestra historia de aprendizaje, por nuestro contexto más inmediato, por nuestra propia conducta y por las consecuencias tanto inmediatas como a largo plazo.
Y es en todo esto donde realmente podemos empezar a ver qué está pasando y cómo podemos ponerle remedio.
Nuestra historia de aprendizaje

¿Cómo nos hemos relacionado hasta ahora con el ejercicio?
¿Qué mensajes nos han llegado sobre por qué hacer ejercicio y cómo hacerlo?
¿Qué experiencias hemos vivido hasta ahora cuando hemos intentado hacer ejercicio?
Si le echas un vistazo al pasado, quizás se te ocurran muchas razones por las cuales entrenar no te apetece nunca.
Quizás sea porque te han obligado a hacer cosas que no te gustaban.
O porque siempre que has intentado ponerte a entrenar tu entorno no solo no te ha animado si no que te ha menospreciado por esos intentos. La mítica “pa eso no hagas ná” o “eso no sirve de ná”.
O quizás cuando te has puesto has tenido tales agujetas o cansancio que no te dejaban hacer el resto de cosas que te gustaban.
O te has lesionado.
O simplemente te aburrías porque no veías avances o lo que has probado no era especialmente divertido para ti.
Nuestro contexto más inmediato

¿Qué está pasando actualmente en nuestra vida con respecto al ejercicio?
¿Tenemos posibilidades reales (económicas, psicológicas, sociales, infraestructura, conocimientos, tiempo, energía, etc.) para entrenar?
¿Qué discurso es el que escuchamos alrededor del entrenamiento?
Ay, vaya, si parecía que entrenar era simplemente ir al gym y ya ¿no? Eso parece cuando escuchas a los machacas de turno y a les entrenadores que viven desconectados de la realidad de la mayoría de la gente.
Fíjate con esas preguntas en la de cosas que pueden estar influenciando de distintas formas el hecho de que entrenes y de que lo estés disfrutando.
Si no tienes tiempo, no tienes conocimientos, no hay espacios seguros, no te acompaña la salud o tu estado psicológico… pues la cosa se complica.
Ojo, que esto no lo digo para resignarse a no hacer nada, al revés, lo digo para que todo esto pueda tenerse en cuenta y crear un plan acorde a la realidad. No se trata de justificar la inacción, se trata de entenderla y ver si realmente ahora se puede (y se quiere*) hacer algo al respecto.
*A estas alturas de la vida es que me voy a cagar en todo y no digo más palabrotas** para no incomodar a nadie, pero NO TIENES que hacer ejercicio si no quieres, ya está, es tu vida. Yo te puedo recomendar, y lo haré, que hagas ejercicio porque puede tener un montón de beneficios pero tú no tienes que querer hacer nada porque nadie te lo diga, coño ya.
**Me me cago en mi puta vida, me cago en mi estampa, me cago en mi raza, en mi puñetera nación y en todo lo que se menea. Joder, qué hartura más grande. Dejad a la puta gente en paz.
Nuestra propia conducta
¿Qué estamos haciendo realmente?
¿Cómo estamos intentando entrenar?
¿Desde dónde hacemos estos intentos?
Si lo que haces es básicamente lo que te dice el gymbro de turno (que ojo, a mucha gente le puede ir bien), pues igual te aburres como una ostra porque, a ver, mover cosas de un sitio para dejarlas en ese mismo sitio no le gusta a todo el mundo. Rarísimo, sí.
Quizás estás intentando hacer mucho más de lo que puedes sostener.
Quizás estás yendo muy a lo loco y no ves avances.
O quizás haces las cosas desde el castigo, desde evitar el malestar, en lugar de hacerlas para dedicarte ese ratito de autocuidado, o pensando en lo que podrás disfrutar luego de lo que sea, por ponerte algún ejemplo.
En fin, simplemente ten en cuenta que hay miles de opciones: entrenamiento personal presencial/online, fuerza, calistenia, crossfit, clases colectivas, bailes… y en distintos espacios: gimnasios, box, parques, asociaciones…
No te quedes ahí estancade con una cosa porque se supone que es lo que tienes que hacer.
Prueba, experimenta, permítete cambiar, explora, vete de aventuras.
Las consecuencias
¿Qué pasa inmediatamente después de que entrenemos?
¿Que ocurre en los días siguientes?
¿Cómo reacciona nuestro entorno a lo que hacemos?
Aquí está una de las claves principales, si no LA CLAVE PRINCIPAL, de por qué entrenar “te da pereza”.
Si cada vez que entrenas solo recibes* consecuencias aversivas (o hay más cosas aversivas que apetitivas), por más que quieras, por más que entiendas lo bueno que es entrenar, por más que te digan que entrenes… NO VAS A ENTRENAR.
O si lo haces será simplemente por evitar otras consecuencias aun más aversivas, pero vamos, que vas a ir sin ganas.
Puede que cuando entrenes te pases mucho y te pegues varios días sin poder moverte y sin poder hacer otras cosas que te gusten.
O que acabes cansadísime y, de nuevo, no puedas hacer otras cosas que te gustan.
Puede, de nuevo, que la gente de tu alrededor esté menospreciando tus intentos** y te sientas invalidade.
Puede que busques ciertos cambios rápidos, ya sea estéticos o de fuerza, y que estos tarden en llegar y por tanto no le veas sentido a esforzarte.
Spoiler: Ya te digo que si tu plan es que entrenar te empiece a gustar fijarte objetivos estéticos no es la mejor opción. De hecho plantear cambios por pura estética como objetivo principal no es demasiada buena opción para nada en general.
*Ojo, no tienes que recibirlas de fuera, también puedes decirte tu misme cosas de mierda y castigarte y todo eso.
Po weno, en definitiva, eso
En fin, esto es un poco lo que tenía que contarte.
Una cosa que me gustaría que tuvieras en cuenta es que me gustaría que esto no te sirviese para machacarte todavía más.
“Ay que tonte, tendría que haberme dado cuenta antes”.
NO.
Esto es para que, cuando vuelva a pasarte que sientes que algo te da “pereza” puedas coger y plantearte realmente qué está pasando. Si ese entrenamiento/ejercicio no te gusta o te hace daño, si no te gusta el ambiente, si estás muy petade de otras cosas, si tu ambiente es una mierda… en fin, no me quiero repetir más.
Que te me cuides, que seas amable y empátique contigo misme.
Esto es muy cliché, pero de verdad, intenta hablarte y darte las soluciones que le darías a tu mejor amigue.
Y, si puedes, crea lazos y comunidad para conseguir las cosas que quieres. El capitalismo y el neoliberalismo te quieren en soledad, no les dejes.
Y si no tienes a nadie que te felicite y que se alegre por tus intentos, escríbeme por donde quieras (correo, insta, mastodon) porque te juro que yo me voy a alegrar millones por ti hagas lo que hagas de forma absolutamente genuina. Sí, gratis, por tu cara bonita, porque todo el mundo se merece tener un apoyo y alguien que se alegre por elles.
No estás sole.
Recuerda que aquí puedes suscribirte para que te pueda avisar de cuando subo cosas nuevas. No soy para nada pesado y prometo no escribirte más de un correo cada 1 o 2 semanas. Aunque seguramente no llegará ni a 1 correo al mes, que me conozco y esto es slow content: cuando puedo y me apetece.
Y recuerda que si necesitas que te eche un cable a nivel profesional me puedes contactar aquí y tenemos una sesión informativa gratuita para ver qué podemos hacer.
